miércoles, 31 de agosto de 2016

YO NO OLVIDO, TAMPOCO PERDONO: A 2 AÑOS DE LA DESAPARICIÓN FORZADA DE 43 CAMARADAS

Por Omar García
30/08/16
Yo no olvido, tampoco perdono. Aunque no me miren ni me escuchen. Aunque esté invisible al día de hoy.
Y todo esto no por rencoroso, sino porque estoy tomándole sentido a esto de perseguir a quien me hizo invisible; molestar, a través de todos ustedes, a quien vino a molestarme en mi paz y tranquilidad; reclamar mi presencia a quien rompió con mi lógica de caos, de interminables conflictos personales y familiares, pero que no molestaban a nadie más allá de la puerta de mi casa.
Hoy es mi día y no me siento tan feliz. Acaso un dejo de felicidad me da saber que me estás buscando mamá, papá; hermana, hermano; primo, prima; tío, tía; amigo o amiga, desconocido o desconocida igual que yo.
         Yo no olvido.
Ayotzi 23 meses Vivos los queremos
Publicado el 26 de agosto de 2016
Mario González dirige palabras a la audiencia en Voces por los 43, 26 de agosto de 2016.
El 26 de septiembre se cumplen ya dos años de la desaparición forzada de nuestros 43 hermanos de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayptzinapa.
Este 3 de septiembre en esta Normal Rural se llevará a cabo la Asamblea Nacional Popular. Ahí se acordará el plan de acciones a realizar. Este se dará a conocer en los medios libres. Súmate a todas las acciones que puedas. O puedes organizar otras acciones en tu lugar, tiempo y modo, con la idea de multiplicar en todas partes nuestros gritos:
¡VIVOS SE LOS LLEVARON,
VIVOS LOS QUEREMOS!

¡NI PERDÓN, NI OLVIDO!

El dilema (del prisionero) salario-precios y los espíritus animales. El caso venezolano.

Luis Salas Rodríguez
Fuente: Celag
América Latina en movimiento
31/08/2016
Lo primero que hay que dejar claro es que el salario también es un precio. Es el precio al cual se paga la mercancía “mano de obra” en el “mercado de trabajo”. De tal suerte, el salario no es lo opuesto a un precio: es de hecho un precio. Sin embargo, no es un precio entre otros. En primer lugar, porque quienes vendemos nuestra fuerza de trabajo utilizamos el ingreso salarial pagado para poder vivir, es decir, para pagar a su vez todas las cosas que necesitamos y que son mercancía. Pero hay otras dos razones muy importantes que le otorgan una consideración especial: la primera es que la mercancía fuerza de trabajo es la única que, por regla general, se usa primero y se paga después. Y la segunda es que salvo excepciones muy particulares, el precio al cual se transa no depende de quien la vende, sino del comprador que la paga. Por esto último, ocurre que los trabajadores tampoco podemos ajustarlo a voluntad. En el mejor de los casos podemos exigir que nos paguen más, pero el que eso pase depende de quien la compra, o sea, de nuestro patrón.
Debemos tener claro que en toda sociedad capitalista los salarios justos son relativos. Es decir, desde un punto de vista estricto, no existe un “salario justo” en cuanto tal, pues un patrón siempre remunera menos de lo que el trabajador produce. De lo contrario, no habría capitalismo, pues en la diferencia entre lo que se paga por los salarios y lo que el trabajador produce se haya la ganancia capitalista. O dicho de otra manera: si el patrón pagara al trabajador exactamente lo que este le reporta en productividad, entonces no sería un capitalista, pues no obtendría el excedente necesario para acumular capital que es lo que define a todo capitalista. No hay que ser marxistas para decir esto: cualquier gerente del IESA (Instituto de Estudios Superiores en Administración) tiene claro esto. Así las cosas, el intercambio monetario patrón–trabajador siempre será desigual en perjuicio del trabajador.
La única condición bajo la cual se puede hablar en una sociedad capitalista –y la venezolana lo es todavía en su versión mercachifle más primitiva- de un salario justo, es en base a uno que le permita al trabajador adquirir los bienes y servicios elementales para su subsistencia y ejercer sus derechos. Eso es exactamente lo que garantiza la CRBV y lo que el Estado venezolano está obligado a hacer. Para ello, ha desarrollado distintos mecanismos, siendo uno los aumentos salariales vía decreto presidencial. La idea de este mecanismo es que el salario nominal se ajuste a la variable inflacionaria de modo que el poder adquisitivo no se rezague con respecto a los otros precios (recuerde que el salario también es un precio). Por tanto, el Presidente, no solo está facultado para hacerlo, sino que está obligado a hacerlo si pasa que los precios de todas las demás mercancías suben de modo que dejan al salario atrás.
Pero el problema del poder adquisitivo de los trabajadores es que no depende solo del monto nominal al cual se fije el salario (el “cuánto” en bolívares), sino del precio al cual se coloquen las demás cosas que dicho salario va a comprar. Y lo que suele pasar acá es que esto no depende del Estado ni del Ejecutivo en sentido estricto, sino sobre todo de los patronos en cuanto vendedores de las mercancías. Es por este motivo que el Estado venezolano –como otros en muchos momentos de la historia- ha establecido un control de precios, del cual hay que decir que no es causa sino consecuencia de la inflación, pues lo cierto es que su aplicación comenzó en 2003 tras los ataques especulativos (incluyendo un golpe de Estado y un sabotaje petrolero) que hicieron aumentar los índices inflacionarios hasta ese momento a la baja.
Volviendo al inicio, cuando se da un proceso de ajuste de precios (lo que eufemísticamente los economistas ortodoxos llaman ahora “sinceramiento”), lo que ocurre es que los salarios se retrasan, pues, como dijimos, éstos no se ajustan al mismo ritmo que los demás precios. Y eso es lo que ha venido pasando en nuestro país con la profundización y prolongamiento de la guerra económica hasta devenir en una puja distributiva de todos contra todos.
En efecto, de la inicial guerra económica –que no cesa- hemos transitado a una puja distributiva entre los diferentes agentes económicos, que pasa por la voluntad de apropiación de mayores ingresos –o recuperación del ingreso previo perdido- por la vía de los precios tanto de los productos y bienes como de los servicios, en una carrera hiperespeculativa donde los grandes perdedores somos los trabajadores asalariados con ingresos fijos. Sin embargo, la realidad es que cada vez más son también más los comerciantes y empresarios que se ven afectados en esta pelea, con especial incidencia en los pequeños y medianos.
Las pujas distributivas se desatan en una sociedad luego de que la acción de desequilibrios reales dé lugar a juegos de fuerzas que promueven cambios no neutrales en la distribución de los ingresos a través de la variación de los precios, incluyendo el tipo de cambio. Por lo general, estos desequilibrios devienen tras algún tipo de shock externo (crisis mundial, caída del comercio internacional, etc.) o interno (devaluación, aumento de precios claves –tarifas de servicios básicos-, caída de la producción, etc.), en el entendido que tales choques pueden ser no intencionales o bien intencionales. Como quiera que sea, lo cierto es que una vez ocurrido el shock, suele pasar que los agentes económicos con mayor poder de mercado (monopolios, oligopolios, roscas, etc.), información privilegiada y/o concentrados en productos y servicios claves de difícil sustitución (alimentos básicos, medicinas, productos de higiene, repuestos de vehículos, etc.) utilizan los aumentos de precios como mecanismo para recomponer su ingreso real. Esto naturalmente se hace a costa de los demás, bien contra otros agentes dentro de la rama comercial, o bien contra los consumidores asalariados. Si el impacto es inmediato y breve, lo más probable es que no se desate una ola especulativa ni una puja distributiva, quedando un núcleo de ganadores en el nuevo cuadro distributivo (por lo general los más grandes y concentrados). Sin embargo, si el impacto se prolonga o se agrava con otros nuevos, y/o si los trabajadores no son pasivos y reclaman recomponer el poder adquisitivo perdido, entramos en una puja distributiva donde todos los agentes económicos, tanto privados como públicos, buscan no perder en la puja a través del aumento de los precios de los bienes y servicios que ofrecen (incluyendo el salario, fuente de ingreso de los trabajadores).
Esto último es lo que está pasando en la actualidad en Venezuela, particularmente tras el sucesivo impacto de la manipulación del tipo de cambio paralelo que se traslada a los precios de los bienes y servicios. De la misma manera, la caída del ingreso petrolero ha jugado un papel importante por la subsiguiente caída de las importaciones, pero también por las expectativas negativas que genera entre la población, comerciantes y empresarios. Sin embargo, nunca puede dejarse de insistir en que por más que sea cierto que la especulación también afecta a los empresarios y comerciantes, también lo es que el impacto es mucho mayor en la mayoría trabajadora asalariada cuyo ingreso y salario real (poder adquisitivo) no dependen de sí misma. De hecho, la respuesta “natural” del comerciante especulador, es trasladar dicha especulación al eslabón siguiente hasta que ésta estalla en manos de los consumidores finales, un poco como en el juego de “la papa se quema”. Y esto lo puede hacer no solo aumentando el precio –como ya se dijo- sino retardando la colocación de la mercancía esperando mejores precios, lo cual, como sabemos, es la vía más expedita de traducir dicha expectativa en realidad (escasez programada por acaparamiento y ralentización de la producción). Los problemas con esta “solución” –que se convierte en un negocio en sí misma- es que encuentra su límite cuando al masificarse la especulación, los salarios ya no pueden y el consumo se contrae.[1]
Una vez llegados a este punto, es decir, cuando la especulación se generaliza y se agrava con recesión, los agentes económicos caen en un juego no-cooperativo donde cada cual busca “salvarse” sacándole al otro una tajada para recomponer, mantener o aumentar el ingreso previo. Keynes tiene un concepto que describe muy bien esta situación. Decía el británico que en situaciones de crisis profundas se desatan los espíritus animales. Esto quiere decir que nuestras acciones ya no son motivadas por juicios racionales con arreglo a beneficios, sino por un ímpetu cuasi instintivo motivado por el miedo, la incertidumbre o la desesperanza, que acaba impulsando acciones donde conspiramos contra nuestros propios intereses. Esto es lo que explica el proceso de indexación automática pero descontrolada de precios que se observa, en la medida en que al aumentar uno todos los demás aumentan, ya no por razones contables sino por meras expectativas. Y decimos “salvarse” pues al aumentarse todos los precios al mismo tiempo casi nadie gana en realidad, pues cada posible ganancia adicional es licuada por el aumento de los egresos en los que hay que incurrir por los otros aumentos (o sea: el aumento es una ilusión monetaria).[2] Como en todo “sálvese quien pueda” los únicos que ganan son los más grandes y fuertes, en este caso los monopolios y oligopolios con mayor capacidad de aguante. La pequeña y mediana empresa por lo general termina fulminada en esta etapa.
Al liberarse los espíritus animales, la incertidumbre generalizada termina causando un cuadro que recuerda al famoso dilema del prisionero de la teoría de juegos. Y es que al no confiar nadie en nadie, al no tener certeza de la necesaria cooperación del otro para poder salir de la situación y más bien tener que dicho otro actúa contra uno, cada quien opta por la opción egoísta que termina causando el peor resultado para todos los involucrados. Lo interesante de estas situaciones es que la opción más difícil de tomar –confiar en el otro y cooperar- es la que termina asegurando el mejor resultado. Pero para esto es necesario que alguien dé muestras de voluntad de hacerlo, es decir, que haga exactamente lo contrario a lo que el instinto de supervivencia le dicta a todos los demás. La ventaja que tenemos es que la autoridad, que en el dilema de prisionero clásico es la menos interesada en la cooperación de los involucrados, en el caso que nos ocupa ocurre todo lo contrario: manifiesta estar de parte de la mayoría asalariada y tener toda la voluntad de cooperar incluso con los productores y comerciantes que así lo deseen. Justamente: en una situación de crisis, tal y como lo demuestra la experiencia norteamericana de los años 30’, es imperativa la existencia de un Estado fuerte interventor de parte de la mayoría social y decididamente dispuesto a luchar contra la especulación. Es como un corte de cuenta o un reseteo político-económico, que restablezca las reglas perdidas, recupere la confianza entre las partes e imponga un equilibrio cooperativo, es decir, donde nadie gane a costillas de los demás, que es lo que ocurre con los equilibrios convencionales de mercado donde los únicos que se benefician son los especuladores.
NOTAS
[1] Un ejemplo de ello es la siguiente cita sacada de un informe de la firma Econométrica con recomendaciones para sus clientes de 2012 titulado “En 2012, no habrá mejor inversión que la compra de divisas”: “Econométrica recomienda a sus clientes postergar sus inversiones en capital fijo (ampliaciones de planta, compra de maquinarias, equipos y oficina) hasta el año 2013 en los casos en que se posible y se tenga acceso a las divisas (cuando la postergación de la inversión no le coloque en riesgo, en términos de una pérdida de participación de mercado de su empresa que fortalezca a la competencia). Las razones básicas de la recomendación son dos. La primera, porque durante los próximos doce meses no habrá una mejor inversión que la compra de divisas (el tipo de cambio oficial y paralelo aumentará más que la tasa nominal de rendimiento de capital). Y, la segunda, porque postergar la decisión de invertir en capital fijo hasta 2013 o, al menos, hasta que se tenga conocimiento de los resultados electorales (los del 07 de octubre), tiene sentido, desde el punto de vista de la incertidumbre, la planificación de su negocio y anticipación de precios claves como los de bienes raíces, el mercado bursátil en moneda nacional, etc.”
[2] Este es, por cierto, el peligro de los ajuste de precios por la metodología de validación de “costos”, tras la cual se terminan validando precios especulativos que aparecen efectivamente como costos en las estructuras contables de las empresas, ayudando a profundizar, más que a detener, la espiral de precios.

FARC-EP/Gobierno de Colombia: Acuerdo final para la terminación del conflicto y una paz estable y duradera

Acuerdo Final
24.08.2016
Invitamos a todas y todos a leer con calma y a conciencia el Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, documento con el que el gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) finalizaron los diálogos de paz el pasado 24 de Agosto de 2016, en La Habana, Cuba.
Luego de 52 años de conflicto armado, es la primera vez que se logra un acuerdo como este, por lo cual merece una lectura cuidadosa y reflexiva.
Descargue aquí el documento para su estudio:
Invitamos a compartir este documento con el mayor número de personas posible para formen su propio criterio.

Colombia: Las FARC, la PAZ y sus aliados. ¿Será el Ejército un aliado de las FARC y el pueblo?

Por Gearóid Ó Loingsigh  (*)
Red Latina sin fronteras
Publicado: 31 agosto, 2016
En junio de este año, las FARC y el gobierno de Colombia anunciaron el fin del conflicto armado y el 24 de agosto 2016, firmaron el Acuerdo Final entre las partes. En ambas ocasiones el anuncio fue recibido con alegría, lágrimas, besos, abrazos y un estado de exaltación entre la multitud que la veía en pantalla, un gran jolgorio.  Parecía como una de esas reuniones carismáticas de predicadores tele-evangelistas en los EE.UU.  Igual que en esas reuniones, no cabía la duda, la fe exigía una creencia ciega en lo anunciado y él que discrepaba, dudaba o simplemente tenía alguna pregunta está condenado a las llamas eternas del infierno.
La manera en que las ONG y los mal llamados “intelectuales de izquierda” han abordado el tema de la paz, es como una de esas iglesias, y no obstante alguno que otro artículo o declaración que habla de la necesidad de discutir la paz, lo que menos se puede hacer es discutirla de forma crítica. Quieren “discutir” la paz de la misma forma que un evangélico discute un versículo de la Biblia, o un musulmán fundamentalista el Corán, es la realidad que debe estar equivocada y no el versículo del texto sagrado, en nuestro caso, el Acuerdo Final.  Pero nos incumbe discutirla.
La Paz que nos espera
¿Qué clase de paz nos espera? ¿Cuáles son los alcances de esa paz? Y ¿la izquierda realmente está pensando en seguir luchando después de la firma de la paz?  Son preguntas que nos deben preocupar. Las declaraciones hechas en La Habana por el comandante de las FARC nos arrojan algunas luces sobre lo que ellos están pensando y el camino que piensan trazar.
En el discurso anunciando el final de conflicto, Timochenko dijo que las fuerzas armadas fueron las adversarias de las FARC “en adelante tenemos  que ser fuerzas aliadas por el bien de Colombia. Su infraestructura y recursos pueden ponerse al servicio de las comunidades y sus necesidades, sin desmedro de sus capacidades para cumplir su función constitucional de guarnecer la frontera”. No es una descripción fortuita, las FARC realmente creen que las fuerzas represoras del Estado serán aliados de ellos y por extensión del pueblo colombiano.  El comandante del Ejército tiene otra opinión del asunto y lo describe mucho mejor que Timochenko.
En unas declaraciones a El Tiempo el general Mejía botó la siguiente perla.
Esta es la transformación de un Ejército que entiende que ganó la guerra. Un Ejército que tiene la estatura, la moral y ética para cuidar, ahora, al enemigo de 52 años. La ONU y las FARC han pedido que ahora en su concentración al llegar al fin del conflicto, y mientras hacen ese tránsito de la ilegalidad a la legalidad que las proteja los soldados colombianos…
Para nosotros no es una humillación, para nosotros es un honor porque quien las cuida es quien ganó la guerra, porque quien las cuida es quien queda con las armas, quien las cuida es quien viste los uniformes de la República.[1]
Es decir, ellos custodian a las FARC. Decir que son aliados es como decir que el INPEC es aliado de los presos recluidos en las cárceles colombianas. Pero el asunto es más de fondo y no sobre quién protege a quien.  Pues a fin de cuentas, eso es sólo una muestra visible de la realidad de una organización derrotada, algo que el mismo general resaltó unos días más tarde.
Al término de los 180 días de las zonas veredales de tránsito a la normalidad, el Ejército que queda con las armas es el de la República de Colombia. El Ejército que seguirá portando los uniformes de la patria, es el Ejército Nacional. El Ejército que seguirá luchando por la seguridad de los colombianos es el Ejército que ganó la guerra.[2]
El general nunca habla de ser aliado de nadie sino de servir al Estado colombiano y todo lo que eso implica.
Pero hay que preguntar a las FARC si ese nuevo supuesto aliado de ellos y el pueblo es un aliado en todo.  Parece que las FARC creen que sí. A los pocos días de declarar el fin del conflicto, el ministro del posconflicto Rafael Pardo (el mismo hombre que legalizó al paramilitarismo en 1994 bajo la fachada de las Convivir) anunció incentivos tributarios para las empresas que inviertan en las llamadas zonas del posconflicto.  Según Pardo, “Son las zonas que todo el mundo conoce, las zonas que han tenido conflicto, que por razones del conflicto han tenido oportunidades restringidas, regiones como el Pacífico Colombiano por ejemplo, o el Chocó o zonas del Nudo de Paramillo”.[3]
¿Qué clase de empresa invertirá en esas zonas, algunas de las cuales son remotas?  Empresas mineras y petroleras para comenzar. El jefe de Ecopetrol ya anunció que el fin del conflicto abrirá zonas del país a la prospección energética, zonas que hasta hoy son vedadas a esas empresas. También llegarán empresas del agro-negocio, de palma africana y caña de azúcar entre otras.  Aquí no estamos inventando nada, los intentos de empresas extranjeras como Cargill y empresas nacionales como los ingenios caucanos de apoderarse de tierras en esas zonas, ya es de conocimiento público y ha provocado largos debates.  La ley de las ZIDRES es una prueba de los planes del gobierno. Timochenko refirió a esa ley en su discurso.  Son zonas donde los campesinos no entran a jugar sino las multinacionales.  Cuando lleguen esas empresas, llegaron protegidas y acompañadas por las fuerzas estatales.  ¿Será el Ejército un aliado de las FARC y el pueblo en ese momento también?  Una pregunta que las hinchas del proceso nos deben responder. También si una protesta campesina frente a las Zidres altere la paz, ¿qué dirán? Podemos decirlo ya.  Pedirán a los campesinos que acaten a la ley y el orden en nombre de la paz.
Las FARC están definiendo el futuro de los conflictos sociales, legitimando no sólo el Estado sino sus fuerzas represivas, que tanta sangre de dirigentes sociales han derramado en los últimos 50 años. No se quedaron en eso. También están legitimando el imperialismo gringo y preparando el país por una nueva, pero a la vez, no tan nueva relación con los EE.UU. y de paso sus multinacionales.  No hay que decir que las FARC igual que las ONG y los “intelectuales de izquierda” ya tienen muy buena opinión del imperialismo europeo, algo que es de vieja data, aun cuando el papel de las petroleras europeas en el conflicto es bien conocido.  En una entrevista concedida a la televisión rusa, Timochenko dijo:
Para nosotros está claro que este proceso se está dando gracias al visto bueno de los EE.UU.  Al fin y al cabo, fueron los EE.UU. quienes metieron un impulso grande al conflicto en Colombia en la implementación del Plan Colombia, destinaron más de 10.000 millones de dólares, pero igualmente destinaron a asesores, mercenarios que estuvieron haciendo inteligencia, asesorando a las distintas unidades militares.  En la guerra se involucró con todo lo que tenía… acompañado de Inglaterra e Israel y no pudieron derrotarnos.
¿Qué estamos viendo? Que está involucrando en intentar alcanzar la paz, por eso no pierde su naturaleza, su naturaleza [imperialista] se mantiene.[4]
Reconoce la naturaleza de los EE.UU. pero cree en sus bondades a la hora de alcanzar la paz en Colombia, mientras bombardea a Irak, Siria y Afganistán y además cree que ellos y el Estado colombiano reconocen su error de bombardear a Marquetalia.  No hay nada que indique esa voluntad de paz ni reconocimiento de uno o varios errores en el pasado.  Lo que ha cambiado es la “amenaza” que representan las FARC para los gringos.
No es por nada que en 2006 las FARC mandaron un mensaje verbal a Uribe, a través de Henry Acosta que decía “Dígale al Presidente Uribe que no estamos ni por la toma del poder ni porque éste sea un país socialista. Estamos por una economía de bienestar con equidad justica social”.[5] Lejos están las luchas por la tierra, y la justicia social reemplaza cualquier pretensión socialista. Claro, las ONG, no obstante sus declaraciones, en la práctica no creen en la justicia social y, por supuesto, menos en el socialismo,  y así están muy contentos.  Creen en su propio bienestar y piensan lucrar de la paz como lo han hecho de la guerra.
El comienzo de un nuevo camino
Iván Márquez presenta una imagen de las negociaciones que no sólo dista de la realidad de las FARC sino niega el papel que han jugado las organizaciones campesinas, obreras y de derechos humanos  a lo largo de los últimos 50 años. Según ese comandante de las FARC.
El acuerdo de paz no es un punto de llegada, sino el punto de partida para que un pueblo multiétnico y multicultural, unido bajo la bandera de la inclusión, sea orfebre y escultor del cambio y la trasformación social que claman las mayorías.
Hoy estamos entregando al pueblo colombiano la potencia transformadora, que hemos construido durante más de medio siglo de rebeldía, para que, con ella, y la fuerza de la unión, empiece a edificar la sociedad del futuro, la de nuestro sueño colectivo, con un santuario consagrado a la democracia, a la justicia social, a la soberanía y a las relaciones de hermandad y de respeto con todo el mundo.[6]
Bonitas palabras (y el resto del discurso es más bonito todavía), que se dedique a la escritura una vez desmovilizado, pero lo que dice no es cierto. Puede que tenga razón sobre el punto de partida, el tiempo nos dirá, aunque no lo parece. Sin embargo, no es cierto que ellos están entregando una “potencia transformadora”, pues el pueblo siempre la ha tenido, y las organizaciones campesinas y obreras lo han demostrado muchas veces, en los paros, las protestas y en las muertes que ellas han puesto, no están empezando a edificar una sociedad nueva, sino llevan más tiempo que las mismas FARC en construirla.  Curioso que las FARC igual que el Estado niegan la agencia que las comunidades han demostrado repetidamente.
Es obvio que el conflicto no termina, no sólo porque el ELN no ha acordado nada con el gobierno, sino porque los conflictos sociales continúan y el Estado reserva el derecho a responder ante las movilizaciones de la población, con mecanismos legales (Policía, Ejército, Fiscalía) y extralegales como los paramilitares. Dos días después de firmar el Acuerdo Final, un dirigente A’wá fue asesinado en Tumaco y justo en horas de dar una última revisión a este artículo llega la noticia del asesinato de tres campesinos en el municipio de Almaguer, Cauca, donde las empresas mineras están intentando entrar. Los “intelectuales de izquierda” quienes han guardado un silencio sepulcral sobre los problemas de lo negociado en La Habana, apenas ahora comienzan a señalar que no es el fin del conflicto y no resuelve todo, es decir resuelve bien poco o nada, pero da la oportunidad de trazar un camino distinto. En cierto sentido tienen razón, pues la opción armada desaparece para muchos, pero sólo se puede trazar un camino distinto si se quiere.  Ya sabemos que las FARC no están pensando en eso y existen muchas razones para pensar que esos “intelectuales de izquierda”, las ONG y muchas organizaciones tampoco lo están pensando.  Si no fuera así, habrían dicho algo sobre el acuerdo agrario que se limita a reiterar la legislación vigente sin mayores cambios.  Su silencio desde su publicación nos dice todo sobre lo que podemos esperar de ellos sobre este y otros puntos.  Son fieles al Estado, no al pueblo.
El ELN y la Paz
El ELN publicó un comunicado en que decían que primero no se sentían cobijados ni obligados a nada por el contenido de los acuerdos firmados por las FARC.  Esto es obvio, pues es una organización distinta, con una historia propia, un recorrido propio y con una ideología propia, no obstante los puntos en común.  También dijeron que los acuerdos no solucionan nada y exculpan al Estado de su responsabilidad.
Se evidencia que el objetivo principal de la comandancia de FARC, es convertirse en una organización legal, aceptando unos acuerdos que exculpan al Estado de su responsabilidad en el desarrollo de la guerra sucia y el Terrorismo de Estado, a la vez que deforman los fundamentos esenciales del Derecho a la Rebelión. Así, el gobierno niega la naturaleza política del alzamiento armado y mantiene intacto el régimen oprobioso de violencia, exclusión, desigualdad, injusticia y depredación.[7]
El comunicado dio paso a una reacción furiosa de las ONG e “intelectuales de izquierda” lloriqueando por el atrevimiento de los elenos de no someterse al Estado y además criticar el vacío contenido de lo acordado en La Habana. Camilo González Posso reconoció que las demandas del ELN son temas que han sido abordados por académicos y otros, pero a la vez expresó su preocupación que el ELN estaba pidiendo demasiado, algo no alcanzable. 
La Declaración del ELN expresa discrepancias con la esencia de los acuerdos alcanzados por el Gobierno y las FARC en La Habana. Es una discusión conocida y sobre la cual se deberá entrar en detalle en temas como los de justicia, participación o alcance de las reformas en materia rural, política, verdad o de los derechos de las víctimas. Si estuvieran “de acuerdo en lo esencial” otra sería la realidad de las negociaciones. Lo cierto es que el ELN pretende lograr en la mesa más de lo que han logrado las FARC en reformas sociales y pactar el enjuiciamiento al Estado para que reconozca su responsabilidad en la guerra sucia y el genocidio, como parte del terrorismo oficial. Todas esas pretensiones pueden entenderse como entrada al proceso pero no deberían asumirse como líneas rojas pues es poco probable como están las cosas que el gobierno pacte en Quito una condena por terrorismo de Estado que no se ha podido lograr en 20 años de movimientos sociales y reclamos nacionales e internacionales.[8]
Otros fueron más enfáticos en su condena a los atrevidos elenos.  Por su parte Lucho Celis denunció al ELN en términos que serían de risa en otro contexto, los cuales nos dan una muestra por dónde van los ongeros en la paz.  Replican una vieja frase “quién no está conmigo está contra mí”.  Según Celis:
Hay que abonarle al ELN su claridad para decir que no comparte este acuerdo de paz, lo cual lo ubica en identidad con el uribismo. Así difieran en sus argumentos, lo cierto es que en el extremo izquierdo donde está el ELN hay distancia y crítica frente al proceso con las FARC, al igual que en el extremo derecho donde se ubica el Centro Democrático y el liderazgo de Álvaro Uribe.
…el ELN se ha afincado en una agenda maximalista como derrotero para la solución negociada y quiere que el futuro acuerdo de paz toque todos los temas que desde su ideario político y comprensión de futuro considera que deben ser cambiados, así como incluir “las transformaciones necesarias para modificar la realidad del país”.[9]
Aquí tenemos un perfecto ejemplo de lo que significa la paz para los ongeros, “intelectuales de izquierda” y demás hinchas del proceso. No hay que hablar de transformaciones sociales, eso es maximalismo y las comunidades que pelean por la tierra, contra la gran minería etc., son el espejo de una extrema derecha liderada por Uribe.
Hay que tener algo claro, en lo socio-económico Uribe y Santos no tienen ni la más mínima diferencia, es una de las repetidas mentiras de las hinchas del proceso que hay dos modelos de país en discusión.  El segundo punto es que Celis, señala, quiéralo o no, como lo han hecho los medios a lo largo del conflicto.  Hay un enemigo interno y si uno no acepta la propuesta del Estado es el aliado del enemigo o fantasma de turno que se invente.  La nueva mantra es la paz, y hay que repetirla una y otra vez y aceptarla sin críticas, ¡todos por la paz como sea! peluqueros por la paz, pasteleros por la paz, pero no habrá prostitutas por la paz, esa corona la robaron un cortejo de los mal llamados intelectuales hace mucho tiempo.
Si el ELN se equivoca en algo con su comunicado es que llegó cuatro años tarde.  El punto en que nos encontramos hoy era previsible y algunos lo señalamos desde bien temprano en el proceso.  De haberlo hecho antes, el ELN pudo comenzar un debate público sobre los alcances de un proceso de paz con las FARC y también con ellos.  Si los “intelectuales de izquierda” hubiesen analizado y criticado públicamente el proceso, si hubiesen bregado por un proceso abierto, si hubiesen discutido críticamente los acuerdos, hoy tendríamos otro debate y podríamos proponer una Asamblea Constituyente, tal como las hinchas del proceso nos aseguraron las FARC no sólo iban a conseguir sino que no aceptarían menos.  No fue ni la primera ni la última mentira que se les cayó de la boca.
Asamblea Constituyente
La idea de una Asamblea es buena, puede reunir a distintos sectores de la sociedad, sectores de izquierda y sectores democráticos, quienes no abundan en el país pero sí existen.  Circulan por internet unos artículos del ex presidente de la Corte Constitucional, Jaime Araujo Rentería, donde clama por una Asamblea Constituyente, en vez del Plebiscito convocado por el 2 de octubre.  Sus argumentos son sólidos, es más democrático, se puede discutir el futuro del país y a diferencia del plebiscito no es un escenario donde tenemos que aceptar o rechazar todo.  Sin embargo, el gobierno rechazó esa idea hace rato y las FARC se arrodillaron sobre este punto enseguida.  Es de notar que uno de los problemas en el proceso con el ELN es precisamente su insistencia en mecanismos de participación del pueblo.  Las FARC, sin embargo, como buenos estalinistas no tienen mayor problema en excluir al pueblo.
Sin embargo, una Asamblea Constituyente, no nace de la nada.  Tiene que surgir como parte de un proceso y una demanda popular.  Empero, este proceso se hizo a espaldas del pueblo y realmente no hay demandas populares, sino demandas de las ONG.
El Plebiscito
Entonces, el 2 de octubre Colombia votará sobre el Acuerdo Final.  O eso dicen.  La realidad es más compleja.  No existe ninguna alternativa real al Acuerdo Final, no hay opciones reales en el plebiscito, es sí para poner fin a la balacera con las FARC o no para seguir en ese conflicto.  La llamada opción de Hobson, eso o nada.  Es probable que la gente vote que sí, pues a fin de cuentas ¿quién quiere la guerra?
Pero en la práctica no hay una votación sobre el contenido del Acuerdo Final, no habrá una discusión sobre eso.  ¡Y menos mal!  Pues se garantiza impunidad para los militares,  un no rotundo, a una reforma agraria,  y una impunidad total para los empresarios que financiaron a los paramilitares o mandaron matar, por nombrar solo tres cosas.  Si los colombianos tuviesen que votar sobre el contenido del Acuerdo Final sería problemático.  Hay organizaciones sindicales como Sinaltrainal quienes discrepan con varias partes del Acuerdo Final pero dicen que votarán que sí, y piden una Asamblea Constituyente.   Además afirman que no quiere decir que ellos aceptan las políticas sociales del Estado y el gobierno de Santos ni que acepten las violaciones de sus derechos, por el simple hecho de formar parte de los acuerdos.
Pero es diciente, después de cuatro años negociando en La Habana, el país no va a votar sobre lo negociado sino sobre poner fin a la balacera con las FARC o no.  La izquierda y las organizaciones sociales no están debatiendo los méritos de lo acordado, porque saben que poco o nada tienen de bueno.  No existe una condena más contundente de las negociaciones de los últimos cuatro años, que al fin de cuentas a nadie le importan a la hora de votar.  La envergadura de la derrota  de las FARC se ve en la irrelevancia del contenido de sus acuerdos en la vida nacional.
Bienvenido el fin del militarismo de las FARC, nada grato el reformismo que lo reemplaza.
NOTAS:
[1] El Tiempo (24/08/2016) ‘Cuidar a las FARC no es humillación, es el triunfo sobre el enemigo’
[2] El Tiempo (29/08/2016) ‘El ejército que quedará con armas es el de la República de Colombia’ entrevista con María Isabel Rueda
 [3] RCN (17/06/2016) “Habrá incentivos tributarios para empresas que inviertan en zonas de posconflicto”: Consejero Rafael Pardo:
 [4] RT (29/08/2016) Detrás de la noticia: Entrevista exclusiva con Timoleón Jiménez ‘Timochenko’, con Eva Gollinger:
 [5] Jesús Pérez González-Rubio, Semana (25/08/2016) La paz es el camino:
 [6] Discurso de Iván Márquez, La más hermosa de todas las batallas
 [7] ELN (08/08/2016) Por la Paz, la Resistencia Continúa: Declaración de la Dirección Nacional y el Comando Central, del Ejército de Liberación Nacional
 [8] González Posso, G. (08/08/2016) El ELN y La Paz Completa:
 [9] Celiz, L.E. (17/08/2016) Las condiciones del ELN para negociar: ¿convicción o estrategia?

ACUERDO FINAL PARA LA TERMINACIÓN DEL CONFLICTO Y LA CONSTRUCCIÓN DE UNA PAZ ESTABLE Y DURADERA

 (*) Gearóid Ó Loingsigh, investigador irlandés y autor de Una mirada desde el sur, que ha llevado a cabo varios estudios sobre la minería en Colombia, que explican qué efectos tiene en Suárez la extracción de oro a cielo abierto. También tiene realizados varios textos sobre las consecuencias sociales de la minería de oro en regiones del país, la utilización de agua en esta y sus efectos sobre las comunidades.

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LONKO FACUNDO JONES HUALA, REFERENTE MAPUCHE: “No tememos a la cárcel, ni a la muerte”

30 de agosto de 2016

“Soy un weichafe que revindica el accionar de su pueblo, en busca de su Liberación”
A una semana de que se realice la audiencia pública por el juicio de extradición que demanda la justicia chilena, el Lonko Facundo Jones Huala dio a conocer un extenso documento en el que analiza no sólo su detención sino el contexto político social en que se producen procesamientos y persecución a integrantes de los Pueblos Originarios en ambos lados de la Cordillera.
El Lonko Wichafe, Facundo Jones Huala dio a conocer una proclama en la que reivindica la rebelión como un derecho frente a lo que denomina regímenes tiránicos y con las comunidades sometidas a vivir en la pobreza, marginación y vulneración de derechos básicos. El líder indígena, que el próximo 30 de agosto afrontará el juicio por el pedido de extradición que impulsa la justicia chilena, denuncia falta de diálogo para encontrar una solución política a los conflictos que afrontan los Pueblos Originarios.
“No tememos a la cárcel, ni a la muerte, no debemos someternos más. Los autores intelectuales de nuestra lucha de liberación son nuestros antepasados, dignos Weichafes que en resistencia combatieron, transmitiendo su Rakizuam (pensamientos) y su Nguneu (voluntad) hasta hoy. Los tribunales colonialistas carecen de moral y legitimidad para nosotros, solo justifican con tecnicismos inventados por ellos mismos, basados en la lógica del derecho imperial romano, su represión y brutalidad occidental judeo-cristiana capitalista. Si las leyes las escribieron los ricos (terratenientes, empresarios, etc.) descendientes de la europea genocida, no podemos esperar más que el resguardo de sus privilegios”, sostiene Jones Huala que está detenido desde el pasado 27 de mayo cuando se produjo un violento allanamiento en el territorio recuperado en Vuelta del Río, a pocos kilómetros de El Maitén.
Desde la Unidad Nº 14 del Servicio Penitenciario Federal, el líder indígena confiesa que “hasta hoy se han negado al dialogo serio y han respondido con cárcel y plomo, ante nuestros planteos políticos, tratándonos de delincuentes y terroristas frente al resto de la sociedad. Inventando perfiles en la prensa burguesa, cuando el verdadero terrorismo proviene del Estado y de las empresas, incluyendo gatillo fácil y abuso sexual de la policía, que ni siquiera es cuestionado. Entonces ¿qué podemos esperar de la democracia?, sistema de origen griego, quienes tenían ‘ciudadanos’ y ‘esclavos’; ¿más cuando es burguesa? Así todo, lamentablemente, la democracia es lo menos inhumano, creado por los occidentales que nos han dominado para someternos a su régimen de explotación racial y de clase”.
Si bien la justicia provincial terminó morigerando la medida cautelar dictando la prisión domiciliaria, la justicia federal negó finalizar con la prisión preventiva hasta tanto se sustancie el juicio por extradición que se realizará la semana próxima en Gendarmería Nacional. “Pretenden usarme como escarmiento ejemplificador para el Pueblo Mapuche consiente, pero no nos doblegaran. Soy un comunero más que la historia y el Pueblo han llevado a este contexto, para amplificar esa voz que no será silenciada por barrotes ni percutores bélicos de ningún tirano”, agrega Jones Huala y proclama: “soy una Autoridad Mapuche, un weichafe, soy un Revolucionario que revindica el accionar de su pueblo en la búsqueda de su Liberación”.
En el documento escrito y divulgado desde la prisión, el referente mapuche se pronuncia por la negativa respecto de la extradición y aclara: “pero si me extraditan sepan bien que preso o libre seguiré siendo uno más en la confrontación dialéctica Mapuche/Capitalismo, otro agitador social, militante, subversivo alterador del orden político”. Con duros cuestionamientos al sistema judicial y político, Jones Huala entiende que desde hace años se fueron cerrando todas las vías “para seguir siendo verdaderos e íntegros Mapuches”, tras lo cual concluye: “Han hecho válidas todas las formas de lucha para resistirnos a la muerte, la usurpación y el ultraje”.
El lonko no sólo reivindica la lucha sino que entiende que su privación de la libertad tiene como propósito el “escarmiento ejemplificador para el pueblo mapuche consiente”. Sin embargo, añade que no serán doblegados en sus reclamos. “Soy un comunero más, que la historia y el Pueblo, han llevado a este contexto, para amplificar esa voz que no será silenciada por barrotes ni percutores bélicos de ningún tirano”.

martes, 30 de agosto de 2016

Brasil: Nelson Maca y la Gramática de la Ira, creador del concepto de “literatura divergente”

Radio Zapatista
30 de agosto de 2016
El Sarao Bem Black fue uno de los espacios donde se realizó el festival CompARTE por la Humanidad en Salvador, Bahía, Brasil. En el aeropuerto de Salvador, entrevistamos al poeta Nelson Maca, quien nos habló sobre el Sarao Bem Black, encuentro poético del movimiento literario negro que se ha vuelto referencia no sólo en Bahía, sino en Brasil.
Nelson es también el creador del concepto de “literatura divergente” y del manifiesto llamado “Manifestación de la literatura divergente o manifiesto encrucijador de caminos”. En la entrevista, nos habla sobre lo que significa para él la literatura divergente y su relación con la politización de la diferencia.
Finalmente, nos habla sobre su nuevo libro Gramática de la Ira y su relación con la digna rabia.
Escucha la entrevista en portugués y lee la traducción al español aquí:
Estamos hablando con Nelson Maca en el aeropuerto de Salvador, Bahía. Nelson, estuvimos juntos en el Sarao Bem Black. Quería que nos hablaras sobre el sentido del Sarao Bem Black.
Bueno, el Sarao Bem Black es más que nada un encuentro de activistas, artistas negros y no negros, pero todos alrededor de un eje común que es la literatura negra. En realidad es un movimiento que sucede desde hace 7 años, y en 2016 estaba parado desde enero y ahora regresamos después de 4 o 5 meses, al barrio de Pelourinho. Hoy es un barrio de la negritud pero al principio era un barrio de los colonizadores, pero que se volvió la gran referencia de la negritud. Entonces el sarao tiene esa intención, de reunir personas negras, escritores que trabajan ese tema. Lógicamente lo principal son las poesías, declamadas, pero también es un lugar para presentaciones de libros, presentaciones de discos, un lugar de debates, de conferencias. Se volvió hoy en Bahía quizás una de las principales referencias de un lugar independiente, sin fondos del Estado ni de empresas privadas.
Hablaste del papel del Pelourinho, pero hay también una intención por parte del Estado de hacer de ese espacio un espacio para el turismo, una folclorización y una venta de la negritud desprovista de sentido, para consumo. Y en ese ámbito se da la intervención del Sarao Bem Black. Qué significa para ustedes esa intervención en ese espacio.
No sólo el Pelourinho sino toda la ciudad está sumamente folclorizada con relación a las cuestiones de la negritud. Llegas al aeropuerto y hay gente travestida de “baianas de acarajé”, hay juegos de capoeira donde muchas veces quien está ni maestro es, entonces la negritud se volvió un gran producto. Quien vio la apertura de los juegos olímpicos en Río de Janeiro, es eso que digo. Es el indio que aparece sólo en los primeros cinco minutos y después desaparece, como desaparece de Brasil; es una favela colorida, alegre, feliz, sin policías, sin represión, sin asesinatos de jóvenes; es el funk que aparece en la apertura pero que en lo cotidiano está prohibido para los residentes. Entonces está todo muy glamorizado, Fanon ya lo decía en Pieles negras, máscaras blancas: ellos quieren una negritud sonriente que dice “sí señor”.
Yo soy parte de aquellas personas negras que no están de acuerdo ni lo comparten. Entonces estar en el Pelourinho con un sarao como ese es estar en un lugar de instauración del conflicto. El Sarao Bem Black no busca la paz. En realidad el Sarao Bem Black tiene que ser incómodo, para que sirva para despertar a otras personas, artistas, militantes, al hecho de que el arte no puede mantenerse alejado; si nuestro ser físico es violentado, nuestra arte no puede dejar de hablar de eso.
Tú eres el creador del Manifiesto de la Literatura Divergente. Me gustaría que hablaras un poco sobre cómo concibes esa literatura divergente, sobre todo porque esta entrevista es para Radio Zapatista, y para la filosofía zapatista, la politización de las diferencias es fundamental, así que me gustaría que hablaras un poco sobre eso.
Bueno, empecé a elaborar ese pensamiento justamente por mi condición de escritor. Cuando mi poesía empezó a ser más divulgada en Brasil, inmediatamente me asociaron a la literatura marginal o a la literatura periférica. Pero desde que tenía catorce años yo he dicho que mi literatura es negra, entonces hay una dificultad en decir que hago una literatura negra. Parece más cómodo decir que hago literatura periférica o marginal, inclusive porque hay varios conceptos de marginal, y el primer concepto muy difundido en Brasil, en la década de 70 del siglo pasado, era de un grupo de personas ricas de la zona sur de Río de Janeiro, que era marginal sólo por el lenguaje… los hippies. Yo no me identifico  con eso.
Entonces me puse a pensar cómo me podría conceptualizar a mí mismo, y al mismo tiempo no quería esencializar la negritud. No quería pensar que sólo los negros tienen algo que decir sobre la divergencia o sobre el sufrimiento o la rebeldía. Entonces traté de despersonalizarme e imaginar cómo sería si yo hablara desde la condición de palestino, o desde la condición de indígena, o desde la condición de gay, o de mujer. O sea que hay muchos márgenes. Así que empecé a entender que más allá de mi deseo de hacer literatura negra, hay otros deseos de hacer literaturas que divergen de los cánones, de lo que es impuesto, de lo que se toma como modelo, como mejor, como más bonito.
Pero, ¿qué une a todas esas personas, qué une la literatura negra a la literatura gay, qué une la literatura gay a la literatura indígena brasileña? Pensé: hay algo que creo que es el fondo común: todas esas literaturas divergen de un modelo, todas son anticanónicas, anticapitalistas… Entonces pensé: estamos juntos, pero no porque decimos la misma palabra o hablamos del mismo tema. Estamos juntos porque estamos en una zona de conflicto. Entonces la literatura divergente es aquella cuyo fundamento es el conflicto. Por eso digo que no es para agradar, no es para vender; no vende. Para nosotros la ética y la estética se confunden.
Entonces empecé a pensar en eso y llegué a esa idea de crear un movimiento. Escribí algo que se llama “Manifestación de la Literatura Divergente o Manifiesto Encrucijador de Caminos”. Es “manifestación” porque esa es una palabra de la religiosidad. Los orixás se manifiestan en las personas. Y la poesía que se manifiesta en mí no es ni de Apolo ni de Dionisio; es la poesía de Exu, porque Exu en yoruba es esa posibilidad de la contradicción. Para ellos, Grecia y Roma; para nosotros, África. Nosotros no hacemos lirismo, hacemos tamborismo. Y no tenemos ni Dionisio ni Apolo, que son polos contrapuestos; nosotros no tenemos esa contraposición, tenemos la paradoja. Porque Exu es ambas cosas al mismo tiempo. Entonces escribí un texto que habla un poco de las posibilidades de divergir sin perder las diferencias. Yo soy divergente, alguien que escribe desde la condición femenina es divergente, estamos juntos porque estamos contra la hegemonía pero somos diferentes por otras razones. Esa es la literatura divergente.
Ya tuvimos tres encuentros nacionales donde hubo gente que hace poesía en los autobuses, gente que fabrica sus libros con las propias manos, saraos que suceden en los baños, personas que hacen poemas visuales con grafiti en la ciudad, personas que sólo hacen discos y no libros; o sea, todas las posibilidades de divergir, también con relación al soporte físico.
Hace unos años, en 2008, los zapatistas crearon un gran festival, el “Festival de la Digna Rabia”. Y ahora tú publicaste un libro que se llama Gramática de la ira. ¿Qué es la Gramática de la ira?
La Gramática de la ira es al mismo tiempo un complemento de la gramática de la fantasía y un complemento de la gramática del amor. Si la gramática del amor es un lado de la moneda, nosotros somos el otro lado. Leí un libro que se llama Gramática de la fantasía, de Gianni Rodari, que habla de la necesidad de la fantasía en el arte-educación. Después leí otras cosas. Leí libros como Hijo nativo, de Richard Wright, o El hombre invisible de Ralph Ellison. Si la Gramática de la fantasía mostraba la necesidad de la fantasía, El hijo nativo mostraba hasta dónde vamos con nuestras desgracias; del sufrimiento y el dolor también podemos renacer. Entonces me puse a pensar en eso. Y Brasil tiene una tradición… el colonialismo y el racismo en Brasil crearon algunos mitos que vuelven a los negros dóciles, cordiales. Pensamos que podemos resolver la cuestión del racismo de manera burocrática, o con un candidato, alcalde, presidente. Entonces Brasil creó una tradición de pensamiento que coloca a los negros en una posición de inmovilidad. Por eso es casi un pecado hablar de reacción, sobre todo de reacción violenta. Y nosotros hemos combatido esos mitos. Uno de los mayores combatientes de esos mitos es justamente Abdias Nascimento, que va a cumplir 80 años de eso. Entonces nuestra idea es combatir esa dulzura. Por increíble que parezca, queremos combatir una dulzura que nos empuja hacia atrás. Ya no queremos dar la otra mejilla.
Entonces pensé mucho en eso, y empecé a escribir poemas sobre eso. Y justamente los poemas más agresivos fueron cuando viví la experiencia de la paternidad, cuando tuve a mi primera hija, y después la segunda. Entonces crié poemas muy violentos criando una hija. O sea que, al mismo tiempo que tenía la dulzura de tener un bebé en casa, me preocupaba que ese bebé iba a vivir en un mundo racista. Fue casi como si estuviera escribiendo para ella.
Entonces es un libro que llama a los negros a la rebeldía. Y cuando digo rebeldía, lo digo en todos los sentidos posibles. El verbo, el cuerpo, la guerrilla. Creo que necesitamos quemar más llantas en Brasil, necesitamos agredir patrimonios, necesitamos reaccionar más. Y Brasil nunca tuvo esa tradición. Pero al mismo me dije que la violencia o la ira en sí pueden servir para construir o para destruir. Puedo usar la violencia por la vida o la puedo usar contra mí mismo. Tengo un poema que dice: “Guerra negra para tu paz, guerra negra sólo tú la haces”. Entonces hay que luchar una guerra negra para preservarse, para tener paz. Entonces pensé en eso: la ira que me interesa es una ira que construya. Pienso que cuando usamos la rabia, la ira, la rebeldía de manera digna, colectiva, es válida. Por eso quería que mi libro tuviera ese significado. Son poemas que aparentemente promueven el desorden, pero lo que los mueve es un profundo orden. El libro, por lo menos hasta donde pude, está meticulosamente organizado. Es realmente la idea de una gramática, sólo que una gramática de la subversión. Tanto que al final del libro incluí un “manual”. En realidad el manual es una relectura del Manual del guerrillero urbano de Carlos Marighella. Pero en vez de poner “guerrillero” yo ponía “poeta”, “poeta”. El poeta tiene que ser un guerrillero. Entonces al final del libro hay un postfacio que dice justamente eso: que la violencia no puede ser violencia sin fundamento, si no, se vuelve individual, se vuelve venganza.
Esa es la Gramática de la ira, es un libro de poemas que hablan sobre la negritud, sobre los momentos de alienación que viví cuando era joven, sobre nuestro deseo de tener compañeras blancas, sobre cómo es cuando empezamos a leer a los pensadores negros, cuando empezamos a entender mejor, aunque no sea en el sentido de la fe, sino políticamente, nuestras religiones. La Gramática intenta ser algo así como una biografía mía que va de la alienación a la rebeldía.
El libro acaba con el manual de Marighella, pero empieza con lo que llamo el “Prefacio de la ira”. Es un poema largo donde enumero los tipos de torturas que sufrimos. Desde mutilación de senos, mutilación de orejas, sacar ojos, violaciones. Es un poema muy violento. Hay gente que dice: eso es sadomasoquismo. Y yo digo: No, eso es memoria. Y quiero decir que todo lo que yo escriba después de esa violencia será poco comparado con lo que sufrimos. Toda violencia que podamos ejercer será poca después de la señora que mandaba sacarle los ojos a la mucama porque le parecía bonito, o mutilar los senos de una mujer porque a alguien le pareció bonito.
Bueno, voy a declamar un poema llamado “Gramática de la ira”:
había lodo en la calle
y de vez en cuando un cuerpo cadáver encallado en la zanja

el espectáculo que la historia nos ofrece

restos y gestos del sí
alimentos reciclables
muñecas sin piernas carros sin ruedas
arqueólogo de las sobras
la miseria
el no

negrito andrajoso
con las manchas sucias de la vida
sin saber muy bien por qué
en las suturas de las fracturas
crecí

yo en la pila
tú en la mira
no ves lo que hicieron de mí

pluma sangrienta Gramática de la Ira
mi garabato mortal va a joder tu lira